Asesoramiento y psicoterapia grupal (en formación)
El asesoramiento y la psicoterapia grupal son modalidades de intervención psicológica en la que tres personas o más se reúnen para trabajar juntas problemas que los movilizan. En estas formas de intervención el grupo conformado por el terapeuta y el resto de participantes, ofrece un marco de apoyo, acompañamiento y trabajo conjunto sumamente valioso, y con unas virtudes distintivas respecto a la terapia individual.
Una de estas virtudes es la capacidad de volcar el “mundo interno” de los participantes al espacio grupal. De este modo, situaciones conflictivas propias de relaciones familiares, de pareja, amistad o trabajo, pueden ser escenificadas con la ayuda del terapeuta y del resto del grupo (mediante técnicas de roles, soliloquios o lenguaje corporal, por ejemplo). La representación conjunta de estas situaciones permite abordar directamente (en el “aquí y ahora” del encuentro grupal) determinados patrones y problemas relacionales; y crear para ellos soluciones diferentes a las que el individuo había logrado hasta allí, en soledad.
Además de estas posibilidades técnicas distintivas de las intervenciones grupales, la experiencia de intimidad compartida propia de ellas tiene un enorme potencial terapéutico. En primer lugar nos evidencia ya desde el inicio que no somos los únicos en sufrir problemas mentales, y que compartimos con los otros mucho más de lo que creemos: los problemas de los otros, aunque a primera vista puedan ser muy diferentes, tienen siempre resonancias en nosotros. También nos muestra que podemos ser agentes activos del bienestar de otras personas; que nuestra escucha, nuestra perspectiva o capacidades que no valoramos pueden ser inspiradoras para otros. En este acercamiento empático mutuo se establece precisamente el proceso terapéutico; y la naturaleza de ese intercambio hace que el bienestar de cada miembro contribuya positivamente al resto. Eso vale para la psicología grupal tanto como para la vida cotidiana: somos seres sociales, y el bienestar se logra, necesariamente, a través del contacto con los otros.
Grupos de ayuda mutua
Una experiencia repetida en mi trabajo como psicólogo aquí en Alemania es la enorme dificultad de encontrar atención psicoterapéutica: un gran número de personas necesitadas de atención no pueden conseguir un psicólogo por el sistema de seguro público (mucho menos en español), y muchas de ellas tampoco pueden costear una terapia de manera privada a largo plazo. Esta problemática se presenta además en un contexto de aguda crisis psicológica a nivel social. Esta crisis tiene una larga data y múltiples causas, pero que se ha incrementado notablemente desde el período de las medidas sanitarias contra el covid-19.
El distanciamiento de relaciones reales y el vuelque a las “redes sociales”, y el uso compulsivo de teléfonos e internet en general (con el universo de sobreinformación, chequeo constante de mensajes, scroll infinito, etc.) han incrementado el aislamiento y el malestar psicológico de manera brutal. Justo cuando más necesitamos el contacto con los otros, la lógica del neoliberalismo y el algoritmo nos aleja los unos de los otros como seres humanos reales (con sus virtudes y sus carencias) y nos relacionan a través de las ilusiones narcicistas (cuerpos perfectos, éxito social, etc.). El resultado es una peligrosa pérdida de empatía y calidad en el contacto humano.
Esta encrucijada tan compleja entre aislamiento social y necesidad de asistencia psicológica me ha convencido de la necesidad de grupos de ayuda mutua focalizados en ciertas problemáticas que se repiten en la consulta psicológica (ansiedad, soledad, usos problemáticos de tecnologías o de drogas, etc). Si bien estos grupos no sustituyen a una psicoterapia individual o grupal, sí pueden cubrir en parte la gran necesidad de una contención grupal y social; lo cual en las circunstancias actuales es enormemente valioso. Dado que la grupalidad es la base de la existencia y la identidad humana (nacemos, sobrevivimos y nos humanizamos en grupo) conectar y empatizar con los otros es en sí mismo positivo: es fortalecer el lazo social que el malestar mental deteriora.
A diferencia del asesoramiento y la psicoterapia de grupo, los grupos de apoyo mutuo o autoayuda no están necesariamente dirigidos por un profesional de la salud mental sino por pares; es decir personas que transitan una circunstancia similar y se reúnen en una relación simétrica. Este carácter autogestionado permite que sean gratuitos. El objetivo principal es construir juntos un ámbito de contención y apoyo a partir de la escucha empática, y el intercambio de vivencias sobre una problemática de interés común.